Pastora Miguelina Báez de Franco habló sobre violencia contra la mujer.
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La red de mujeres del Consejo Dominicano de Unidad Evangélica de la República Dominicana, CODUE, manifestó que es lamentable el alto índice de violencia contra la mujer que prevalece en la República Dominicana, muchas mujeres, son golpeada, forzada a tener relaciones sexuales, o maltratada de alguna manera en el curso de su vida.
El agresor es con frecuencia un familiar. Cada vez más se reconoce que la violencia basada en el género es un importante problema de salud pública y una violación de los derechos humanos.
La Pastora Miguelina Báez de Franco indicó que los efectos de la violencia pueden ser devastadores para la salud reproductiva de la mujer y para otros aspectos de su bienestar físico y mental. Además de causar lesiones, la violencia lleva a que aumente el riesgo a largo plazo de la mujer a desarrollar otros problemas de salud, como dolores crónicos, discapacidad física, uso indebido de drogas y alcohol y depresión. Las mujeres con una historia de maltrato físico o abuso sexual también enfrentan un riesgo mayor de embarazos involuntarios, infecciones de transmisión sexual y resultados adversos del embarazo.
La pastora Báez de Franco habló a nombre de más de 700 mil mujeres evangélicas destacando que la violencia intrafamiliar contra las mujeres y las niñas tienen que ser enfrentadas desde todos los sectores de la sociedad, ya que ésta incluye el maltrato físico y el abuso sexual, psicológico y económico. Generalmente se la conoce como violencia “basada en el género” por desarrollarse en parte a raíz de la condición subordinada de la mujer en la sociedad.
Expresó que las dos formas más comunes de violencia contra la mujer son el abuso por parte de sus compañeros íntimos y la actividad sexual forzada, sea que tengan lugar en la niñez, en la adolescencia o en la vida adulta. El abuso por parte del compañero íntimo, también conocido como violencia doméstica, maltrato de la esposa o agresión, casi siempre está acompañado de abuso psicológico y, en una cuarta parte a la mitad de los casos, de relaciones sexuales forzadas. En su mayoría, las mujeres maltratadas por sus compañeros sufren agresiones en numerosas ocasiones.
Aclaro que no basta con transformar el ambiente cultural, social y legal que causa y tolera la extendida violencia contra la mujer. Para terminar con la violencia física y sexual se necesitan compromisos y estrategias a largo plazo en los que intervengan todos los segmentos de la sociedad. Numerosos gobiernos se han comprometido a acabar con la violencia contra la mujer y han aprobado y puesto en vigor legislación que garantiza los derechos jurídicos de aquella y castiga a los culpables.
Igualmente, es necesario reconocer su gran aporte de la a la historia y vida de nuestros pueblos, como Madre, Educadora de sus hijos e hijas, defensora de la vida, y transmisora de valores culturales, éticos, morales y religiosos.
Apuntó que el camino hacia la equidad y la paz debe partir desde el respeto a todas y cada una de las mujeres, realizando “una sentida acción de gracias al Creador y al Redentor del mundo precisamente por el don de un bien tan grande como es el de la femineidad: ésta, en sus múltiples expresiones, pertenece al patrimonio constitutivo de la humanidad y de la misma Iglesia”.
Llamo a la familia ha fomentar el amor, la ternura y la protección, el buen desempeño de la paternidad y el Desarrollo de una disciplina positiva y no violenta. Lograr que los niños y niñas crezcan en un entorno de afecto, testigos del amor conyugal y del respeto mutuo, es sin duda el primer paso del camino de la a superación para nuestras sociedades. Ese camino es también la vía de los principios y valores cristianos, desplegados día a día con responsabilidad para con uno mismo y con “Cuando el hombre se deja iluminar por el resplandor de la verdad, emprende de modo casi natural el camino de la paz”. Esa verdad es una existencia cotidiana inspirada en el mandamiento del amor.
Finalizo, invitando a todos cristianos a trabajar por hogares libres de todo tipo de violencias, en un país donde la justicia de género y la justicia social sean una realidad palpable, y promover valores no violentos y sensibilizar sobre el problema, trabajar por la erradicación de la cultura machista, mejorar la formación de los profesionales involucrados en el tratamiento y la prevención del maltrato de género. Fortalecer el sistema jurídico de protección y los mecanismos de denuncia, con el fin de erradicar la impunidad, garantizar la cobertura institucional para aquellas necesidades que se plantean cuando se producen agresiones.
Fuente: La Nación Dominicana.
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