Evangélicos “atraen” fieles por crisis católica española.
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El papa Benedicto XVI puso el dedo en la llaga el pasado lunes: “La fe se debilita hasta extinguirse” en algunas naciones. Precisamente en aquellas que fueron “ricas de fe y vocaciones”. Y aunque no la citó, España es una de ellas. Pero si la fe católica pierde terreno, otras lo ganan. La profesora de Antropología de la Universidad de Sevilla, Manuela Cantón Delgado, resume la cuestión: “Se extingue la fe de los católicos, pero no la de sus primos hermanos, los protestantes. Esta sube de manera imparable”.
Los datos lo atestiguan: hace un siglo, había 4.000; llegaron a los 22.000 durante la República, en 1932; el franquismo los redujo a 7.000; hoy suman 400.000. Más casi otro millón de inmigrantes, según datos de la Federación de Entidades Religiosas Evangélicas de España (Ferede).
¿Cuáles son las razones del aumento de evangélicos, término que prefieren al de protestantes? Desde luego, como señala el joven pastor sevillano José Pisa, nieto del primer pastor evangélico gitano, en primer lugar está la democracia: “Con el franquismo era difícil reunirse; con libertad de expresión y libertad religiosa, nos hemos podido extender más y mejor”.
La profesora Cantón, quien investiga desde hace 20 años el movimiento evangélico en América Latina y España, afirma que “el catolicismo lleva mucho tiempo en retroceso ante las iglesias evangélicas, mucho más flexibles”. Unas religiones que, en palabras de esta experta, al ser más participativas y contar con centros de culto más pequeños, provocan un mayor conocimiento y apoyo mutuo entre sus fieles. Por el contrario, la Iglesia Católica mantiene una “organización muy vertical”.
Algunos expertos señalan que crecen porque se ha producido una “retirada” de la Iglesia Católica de los barrios.
La presencia cada día más intensa de pastores evangélicos en las zonas deprimidas de las ciudades españolas es otra de las razones. Sin que ello signifique que todo lo católico haya sido barrido de esos barrios. Porque la semilla de la Iglesia obrera de los años 50 y 60 pervive aún en muchos lugares.
El sacerdote católico Gabriel Delgado Jiménez es un buen ejemplo. Director del Secretariado de Migraciones del obispado de Cádiz, Delgado es heredero del pensamiento de los curas obreros desde que fuera trabajador de Astilleros. Hoy labora entre los jóvenes gaditanos (de Cádiz) y los inmigrantes.
Delgado prefiere hablar de “diferentes estrategias” entre los católicos y otras confesiones. “Los mormones, los testigos de Jehová o los evangélicos de Filadelfia van a la conquista de la gente. Nosotros no tenemos esa estrategia de caza y captura del feligrés”, señala. “Lo nuestro es más presencia y compromiso”.
En barrios marginales
Pero la opinión que se recoge en los barrios más marginales es que lo católico se ha visto reducido a su mínima expresión, y que lo evangélico se perfila como la religión de los pobres.
José Jiménez, de 42 años, es gitano, vendedor ambulante y pastor evangelista en uno de esos barrios. Dirige la iglesia evangélica La Unción en la zona más conflictiva de Sevilla, las Tres Mil Viviendas. Un barrio donde la policía, los partidos políticos, los servicios básicos del Estado han permanecido ausentes durante muchos años.
A través de la Federación de Asociaciones Cristianas de Andalucía, los evangelistas gitanos han desarrollado un sinfín de programas sociales. Entre los más importantes, los de rehabilitación de drogadictos. Cantón afirma que “muchas familias gitanas se hacen religiosas solo para huir de la droga”.
Los gitanos se sienten cómodos en las iglesias evangélicas porque, según la profesora Cantón, en estos cultos “ellos son los protagonistas, los pastores son gitanos como ellos, mientras en la Iglesia Católica se consideran marginados”.
El pastor Jiménez se sirve de la palabra sagrada para ayudar a sus vecinos. Una palabra que ha aprendido “en el libro”: la Biblia. Su conversación está plagada de citas bíblicas que memoriza tras su lectura cotidiana. Algo que los católicos no hacen con la frecuencia debida, como señalaba el Papa en la inauguración de la XII edición de la asamblea general ordinaria del sínodo de obispos.
El año pasado se vendieron en España 86.468 ejemplares de la Biblia Reina-Valera (en castellano, euskera, catalán y asturiano), la más apreciada por los protestantes, según la Sociedad Bíblica de España. Mientras en hogares católicos apenas si se encuentra un ejemplar, entre los evangélicos lo usual es que cada miembro de familia tenga una.
La pasión por la Biblia llega al extremo de que los jóvenes evangélicos practiquen la “esgrima bíblica”. Eliseo Vila, director de la Editorial Clie, con más de 2.500 libros cristianos en español, explica el singular deporte: “Con Biblia en mano y cerrada, se indica un texto bíblico por su referencia, por ejemplo Juan 3:16, gana el que primero encuentre el texto y lo lea, esto si no lo cita de memoria”.
También la memorizan muchos gitanos que apenas saben leer. 150.000 gitanos de España son evangélicos, según la Federación de Entidades Religiosas.
Los evangélicos gitanos representan el 10% del total de creyentes en España. Juan Ferreiro, subdirector general de Coordinación y Promoción de la Libertad Religiosa del Ministerio de Justicia, fija en 1,3 millones (cifra no oficial) el número de evangélicos residentes.
El Registro de Entidades Religiosas del Ministerio de Justicia registraba en junio de 2008, 1.437 iglesias evangélicas.
En 1992, el Estado firmó acuerdos de cooperación con tres religiones de notorio arraigo, evangélica, musulmana y judía. Entre otras cosas, el Estado costea la enseñanza de esa religión en centros oficiales. En 130 escuelas se imparte protestantismo y en 41, islamismo.
Hasta mayo de 2008, estas son las ayudas percibidas: evangélicos, 6’149.886 euros; musulmanes, 5’887.825; judíos, 2’130.873.
El pastor Bernardo Serrano, de 54 años, ha recibido tres subvenciones de la Fundación Pluralismo para programas de integración en su iglesia apostólica pentecostal de Antequera (Málaga). Serrano realizó en 2007 un estudio entre las 546 iglesias evangélicas de Andalucía.
Los resultados apuntan al crecimiento: en 1970 había 59 congregaciones; en 2008, sumaban 546. Según el estudio, el perfil del evangélico andaluz es el siguiente: clase media baja (85%), entre los 26 y los 40 años (el 40%) y con estudios secundarios (56%). Hay mayoría de mujeres en un porcentaje muy similar al de la población en general (52,55%).
Además de los barrios, los evangélicos trabajan en cárceles y hospitales. Toda esta labor, ¿pasa inadvertida a los partidos políticos? No. Así lo expresa el pastor Pisa: “Nos han propuesto de todo: alcaldías o ser el brazo del alcalde de turno…” . Pero ellos se mantienen lejos de la tentación: “Votamos en conciencia, no recomendamos ninguna opción”.
Fuente: Ecuador Inmediato.
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