Publicado en Descubrimientos el 22 mayo 2008 - Tiempo de lectura 3'09 minutos

La Barca de Jesús, el secreto del Mar de GalileaGalilea fue escenario del Sermón de la Montaña, del milagro de los panes y los peces y del caminar de Jesús sobre las aguas, pero poca gente sabe que hoy en día se conserva aquí una barca del siglo I que, según la tradición, pudo haber utilizado el propio Jesucristo.

La conocida como la “barca de Jesús” -que data del siglo I y fue descubierta a orillas del Mar de Galilea- atrae a diario a numerosos peregrinos al israelí Kibutz Ginosar, cuyos habitantes fueron responsables del insigne hallazgo.

“No podemos saber si Jesús empleó esta barca o no, pero probablemente la vio, pues éste es un lago pequeño y no había muchos barcos” en aquella época, explicó a EFE Marina Banai, portavoz del museo que alberga la embarcación.

Su descubrimiento -en 1986 por dos hijos de un pescador de la costa noroeste del también llamado en la Biblia lago Genesaret o de Tiberíades- supuso toda una hazaña y razón de orgullo para esa granja comunal israelí. “El mar retrocedió de forma extraordinaria, sabíamos que íbamos a encontrar barcazas antiguas, pero nunca imaginamos que encontraríamos algo tan hermoso”, narró uno de los hermanos Luftan, que la descubrieron.

Tras una fuerte sequía en ese año, que provocó el descenso de las aguas del lago, los hermanos rastrearon su fondo en busca de vestigios antiguos como otros lugareños, cuando encontraron varios clavos sujetos a unos trozos de madera. Eran parte de la nave, que logró sobrevivir al paso del tiempo gracias a que quedó sepultada y protegida por el barro, lo que impidió que el oxígeno descompusiera la madera del armazón.

“Es un auténtico milagro, porque las embarcaciones de madera no sobreviven en agua dulce tantos siglos, es la barca más antigua hallada en estas circunstancias”, explicó Banai. La embarcación fue extraída por expertos y voluntarios de la Dirección de Antigüedades de Israel tras una extraordinaria excavación arqueológica que duró once días y requirió titánicos esfuerzos y no poca creatividad. Para facilitar su transporte y evitar que la madera se desintegrara, fue cubierta con un caparazón de poliuretano espumoso y fibra de vidrio, que protegió su débil y anegado casco.

Durante catorce años, fue minuciosamente limpiada en una piscina especialmente construida en el kibutz para su conservación, donde fue sometida a una solución química que deshizo la costra y deshidrató la madera con una cera sintética, endureciendo así su casco.

De 8,2 metros de largo por 2,3 metros de ancho y 1,2 metros de altura, se exhibe hoy en día a una temperatura de 21 grados centígrados y un 60 por ciento de humedad ambiente y gracias a un armazón de acero que apuntala sus endebles vigas. Compuesta por doce tipos de madera -principalmente de cedro y roble- es un modelo típico de las antiguas construcciones de caparazón típicas mediterráneas, empleada tanto para el transporte de personas -hasta 15- como para la pesca. Junto a ella se encontraron utensilios de cocina y lámparas de aceite.

Banai apuntó que pese a que los responsables la conocen como la “barca antigua de la Galilea”, no es casual que el hallazgo haya pasado a denominarse la “barca de Jesús”. Fue descubierta a 300 metros de la aldea Magdala, de donde era oriunda María Magdalena, lugar en el que también se encontró un mosaico que representa una barca del siglo I y que se proyecta junto al hallazgo para dar una idea de cómo eran este tipo de botes. El lago Genesaret, principal reserva de agua de Israel, también es venerado por los peregrinos, porque los evangelios narran que Jesús anduvo sobre sus aguas.

Los arqueólogos creen que la barca debió de ser similar a la que utilizaron los judíos en la batalla naval de Migdal (nombre hebreo de Magdala) o las que usaron Simón, Andrés, Santiago y Juan antes de que Jesús les dijera: “Venid conmigo y yo os haré pescadores de hombres” (Marcos 1:17) y los convirtiera en discípulos suyos. “Enseguida se supo que era una embarcación antigua por la técnica de construcción empleada para engarzar la vigas de madera. Pero nunca supimos lo importante que era hasta que el Papa la solicitó para exhibirla en el Vaticano en el año 2000″, constató Banai.

Numerosos devotos acuden al lugar a rezar y se postran ante la barca, ya que para ellos “es un vestigio muy impactante, uno de los más antiguos conservados de la era de Jesús”. (EFE)

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